
Normalmente suelo levantarme a las ocho de la mañana y por ello llegué –varias veces- tarde a mis clases en la universidad. Y es que acostumbro a escribir y sobretodo a leer hasta la una de la madrugada. Esa hora me gusta porque es silenciosa, calmada y oscura. Pero ahora, desde que me compré mi celular multimedia, un Samsung F250L, me despierto más temprano. Antes de las 7 de la mañana chilla la alarma y yo obedezco sin titubear al aparatito y me cambio, truncando a veces deliciosos sueños.
A muchas personas de nuestro siglo XXI les pasa algo similar. Unos están atrapados horas y horas ante el televisor. Otros oyen horas y horas la radio. Y aquellos leen y leen periódicos que tienen un lenguaje robotizado que parece casi inhumano.
Pero ahí los tienes, querido lector, junto a ti en el microbús o en los centros comerciales. O como loquitos en los videojuegos, o en esas veladas de Internet que los dejan ojerosos. Quizá a ellos se los devora la tecnología. Es casi una enfermedad psicológica la adicción, , sea cual sea su forma.
Si antes era analfabeto quien no sabía escribir, ahora lo es el que no sabe conectarse a Internet. Pareciera que los condicionamientos tecnológicas dictan la pauta al humano andar. Y hoy más que ayer, la modernidad nos abre su boca de león en la que muchas influenciables mentes caen presas. Y lo grave es que no hay una soga mágica que salve de inmediato a estos adictos y devorados por la tecnología.
Ante lo dicho, pienso que no hay que temerle a la tecnología, en serio. Ya que ser cibernauta significa navegar en la red con tu mente lúcida. Interactúas y lo disfrutas. Hay muchas ventajas. Por ejemplo, si escribes un cuento, crónica, o cartita de amor, y una palabra te fastidia porque te demuestra lo poco que visitas al diccionario, puedes pedir a la computadora que haga el trabajo por ti. Es gratis y rápido. No hay nerds ni sabelotodo más veloz que el sistema de búsqueda de la red.

1 comentario:
y nadie comenta. guau, primera vez que me pasa esto :)
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