martes, 18 de noviembre de 2008

BENEFICIOS Y PERJUICIOS EN LA WEB

La Internet es como un cuchillo de doble filo. Esta contradictoria dualidad se manifiesta en los casos que a continuación mencionaré.

Wark Zuckerberg es un sonriente rubio estadounidense de tan sólo 24 años de edad. Es creador del Factbook. Y en tan sólo 4 años amasó la fortuna de 1 500 millones de dólares. La milagrosa Internet supo recompensarlo con esas tremendas maletas de dólares y una fama que trasciende continentes.



Bill Gates es uno de los más beneficiados, acaso el vanguardista de esta casta de millonarios gracias a l web. Es actualmente el segundo hombre más millonario del mundo, le ganó el mexicano Carlos Slim. Y en esa competencia de mansiones y microempresas, cada día y cada contrato dan la jugosa cosecha de millones que quizá muchos no toquemos ni veamos en nuestra vida. Aunque, soñar no cuesta nada.

En otra fila están las personas agraviadas por algunas publicaciones morbosas en las que la Internet los golpeó peor que verdugo del medioevo. Quizá ellos deseen estrangular a los cables y antenas de Internet, tanto dolor provocó la divulgación de ciertos videítos íntimos que nadie debió ver. Pero el placer por el morbo es enorme. Preguntémosle a las mujeres que fueron víctimas de Cholotube. A aquellos jovencitos que tenían una oculta homosexualidad que en Youtobe salió ventilada y criticada por medio mundo.

Qué dirían esas damas que fueron humilladas por sus novios tramposos (esos que tenían secretos dotes de camarógrafo de cine porno). Un desastre que parece imparable, ya que los denunciantes consiguen que los vídeos o fotos sean retiradas de la vista pública, pero luego reaparecen las deshonrosas evidencias.

Pero hay de todo por decir y queda mucho en el tintero, en honor a la brevedad, es plausible recomendar más cautela. Se puso de moda filmar con los celulares ciertas partes pudorosas, y eso amerita tener más cuidado con alguien que pueda ser un espía, ese que puede ir detrás de usted, señorita. O grave también, las cámaras escondidas en los vestidores de los centros comerciales colocadas por amañados tipos.

Con todo, la Internet seguirá su paso. Aunque hayan afortunados y desafortunados ante este avance tecnológico, más vale vivir en la modernidad que en la era de piedra.

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